
Impacta camioneta a unidad de la policía; resultan con golpes leves
En nuestra vida cotidiana, la tecnología se ha vuelto inseparable, y para niñas, niños y adolescentes, representa tanto una ventana de aprendizaje y socialización como un espacio de riesgos. Como sociedad, debemos preguntarnos: ¿estamos realmente protegiéndolos en el mundo digital? ¿O los estamos dejando navegar solos en un océano de peligros invisibles?
Para muchos niños, internet es la vía para explorar el mundo, hacer amigos y expresarse. Sin embargo, sin las herramientas adecuadas, también pueden quedar expuestos a ciberacoso, explotación en línea y robo de datos. Según el INEGI (2023), el 65% de niñas, niños y adolescentes en México usa internet de manera habitual, y el 70% ha enfrentado algún tipo de riesgo digital. Detrás de estas cifras hay historias de miedo, confusión y, muchas veces, silencio.
Asegurar un entorno digital seguro no significa limitar el acceso, sino ofrecer condiciones para que la infancia y la adolescencia crezcan sin temor. Sus derechos no desaparecen al encender una pantalla: la privacidad, la educación, la libertad de expresión y la seguridad deben estar garantizadas en todos los espacios, incluyendo el digital.
Además, no todas las infancias viven los mismos desafíos. Una niña indígena en una comunidad rural puede enfrentar barreras para acceder a tecnología segura, mientras que un adolescente en una ciudad puede estar más expuesto a la sobreinformación y el ciberacoso. La protección debe considerar estas diferencias para ser realmente efectiva.
El Estado debe garantizar leyes claras y mecanismos efectivos de protección, pero la sociedad también juega un papel fundamental. Las empresas tecnológicas deben priorizar la seguridad de los menores sobre las ganancias, y las familias necesitan herramientas para guiar a sus hijas e hijos en el uso responsable de la tecnología. No se trata solo de prohibir, sino de acompañar, educar y dialogar.
Urge avanzar con políticas públicas firmes, estrategias educativas accesibles y una corresponsabilidad social real. Solo con un esfuerzo conjunto lograremos que la tecnología sea un espacio de oportunidades seguras y no un escenario de vulneraciones. La infancia y la adolescencia merecen crecer en un mundo digital que respete y garantice sus derechos.