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CHIHUAHUA, Chih., 24 de noviembre de 2025.- Quisiera compartir de manera respetuosa mi experiencia con la atención que recibí en el consultorio 10 de la Clínica Ávalos, específicamente por parte de la doctora Andrea Yaraví Acosta Acosta, con el fin de dar contexto sobre por qué solicité un cambio de consultorio y presenté una queja formal. Mi primera consulta fue por una torcedura de tobillo.
Después de revisarme, la doctora me entregó varios documentos sin brindarme indicaciones claras. Al preguntar a dónde debía acudir, recibí una respuesta que percibí como sarcástica: “hay que leer”. Tiempo después regresé por un desorden hormonal. Ese día fui valorada por otro médico que la cubría, él se portó muy amable y me solicitó estudios debido a la presencia de un bulto en el pecho. Cuando posteriormente la doctora revisó mis resultados, me preguntó: “¿El tumor cuándo te salió?”.
Recibí esa frase con sorpresa y preocupación, ya que yo no tenía conocimiento previo de un posible tumor.
Los estudios también mostraban la posibilidad de artritis reumatoide. Acudí nuevamente con radiografías y análisis recientes. Al intentar explicarle el motivo de mi visita, fui interrumpida con: “¿Me permites leer la nota y al final platicamos?”. Durante la consulta casi no hubo comunicación y, al finalizar, únicamente se me entregaron documentos para dar seguimiento con un reumatólogo.
Debido a estas experiencias, decidí presentar una queja formal ante el seguro y solicitar mi cambio a otro consultorio, buscando una atención con mejor comunicación y sensibilidad.
Posteriormente compartí en mis redes sociales mi vivencia, de manera personal adjuntando el nombre y una foto de la doctora, sin intención de ofender. Tras esa publicación, la doctora difundió un mensaje en sus propias redes que interpreté como una respuesta a lo que yo había compartido.
En dicha publicación se hacen referencias a “cualquier hija de vecina que quiera difamar”, se menciona que las críticas provienen de “ignorancia” y “pobreza emocional”, y se invita a colegas a considerar acciones legales en situaciones similares.
Me parece muy sorprendente la manera en que algunas personas responden cuando alguien comparte una experiencia real sobre un trato inadecuado.
En lugar de reflexionar o considerar la posibilidad de mejorar, prefieren presumir títulos, desacreditar a quien señala un problema y ponerse en un papel de víctima que no corresponde. Para mí, eso dice mucho más de su carácter que de lo que yo pude haber expresado. Incluyo este dato únicamente para dar el contexto completo de lo sucedido.
Quisiera añadir que las situaciones que describo no fueron las únicas expresiones o actitudes que me hicieron sentir incómoda. Me parece muy lamentable que en el seguro se presenten estos tratos, considerando que las personas no acudimos por gusto: vamos porque tenemos una enfermedad o una preocupación de salud. Nadie disfruta ir al seguro, y mucho menos ser atendido sin tacto en momentos donde la empatía y la claridad son fundamentales.
Mi intención con este relato no es atacar a nadie, sino explicar cómo me sentí con el trato recibido, por qué decidí proceder por las vías formales correspondientes y por qué considero importante expresarlo de manera transparente y respetuosa.
Angélica Ruvalcaba




