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TOLUCA, Edomex., 15 de enero de 2026.- La llegada de la electricidad a México y al mundo, entre 1900 y 1950, transformó la vida cotidiana y los procesos productivos, pero no necesariamente en favor del descanso. Lejos de liberar el tiempo, la luz eléctrica permitió extender las jornadas laborales y domésticas, redefiniendo los límites del día.
Resistencia del cuerpo humano
Con la instalación del foco, el trabajo dejó de depender de la salida del sol. Fábricas, talleres y hogares comenzaron a operar durante más horas, normalizando la idea de “seguir un rato más”. El nuevo límite ya no era la luz natural, sino la resistencia del cuerpo humano.
Este cambio impactó de manera directa en las condiciones laborales. El trabajo nocturno se volvió común, el descanso se redujo y la productividad pasó de ser un objetivo a una exigencia permanente. La electricidad no liberó tiempo: lo ocupó.
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