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CHIHUAHUA, Chih., 12 de octubre de 2026. — La producción de trigo en México registra una de las caídas más severas de las últimas seis décadas, con una disminución cercana al 46 por ciento entre 2022 y 2025, situación que refleja la crisis que enfrenta el campo mexicano ante la sequía, el encarecimiento de los insumos y la pérdida de rentabilidad agrícola.
De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la cosecha nacional pasó de 3.12 millones de toneladas en 2022 a solamente 1.67 millones en 2025, lo que representa una reducción de aproximadamente 1.45 millones de toneladas.
La superficie sembrada también sufrió un desplome significativo, al pasar de 556 mil 233 hectáreas a 300 mil 867 durante el mismo periodo, equivalente a una disminución cercana al 46 por ciento.
Esta contracción evidencia las dificultades que enfrentan miles de productores agrícolas para mantener sus actividades, especialmente en regiones donde la disponibilidad de agua se ha convertido en un factor determinante.
Sequía y altos costos golpean a productores
Entre las principales causas de esta crisis destacan la falta de lluvias, los elevados costos de fertilizantes, combustibles y otros insumos agrícolas, así como los precios de comercialización que dificultan recuperar las inversiones realizadas.
Juan Carlos Anaya Castellanos, director general del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA), advirtió que el sector atraviesa uno de sus momentos más complicados en 60 años.
Sonora, históricamente uno de los principales productores de trigo del país, figura entre las entidades más afectadas por la reducción de superficies agrícolas y la escasez de agua.
A nivel nacional, los productores enfrentan dificultades para sostener sus operaciones, situación que ha provocado que algunas tierras dejen de sembrarse.
México depende cada vez más del trigo extranjero
La disminución de las cosechas nacionales ha provocado un incremento de la dependencia de las importaciones para satisfacer la demanda de la industria alimentaria.
Durante 2025, México importó aproximadamente 5.7 millones de toneladas de trigo, principalmente de Estados Unidos y Canadá.
Para 2026, el Grupo Consultor de Mercados Agrícolas estima compras internacionales cercanas a 5.4 millones de toneladas.
El trigo constituye una materia prima fundamental para la elaboración de pan, tortillas de harina, pastas, galletas y otros productos de consumo cotidiano, por lo que la caída de la producción nacional representa un desafío para la seguridad alimentaria.
Cambio climático amenaza al campo mexicano
Los efectos del cambio climático también se reflejan en la actividad agrícola.
De acuerdo con la Encuesta Nacional Agropecuaria 2025, el 76.1 por ciento de las unidades de producción agropecuaria reportaron altos costos de insumos y servicios, mientras que el 58.2 por ciento registró pérdidas relacionadas con factores climáticos.
Asimismo, la falta de agua afectó al 36.8 por ciento de las unidades productivas, evidenciando la creciente vulnerabilidad del sector frente a las sequías.
Para entidades del norte del país, como Chihuahua, estas condiciones representan una advertencia sobre la necesidad de fortalecer la infraestructura hidroagrícola, modernizar los sistemas de riego y promover esquemas de producción más eficientes.
Urgen medidas para recuperar la producción
La crisis del trigo plantea la necesidad de impulsar políticas públicas orientadas a mejorar la disponibilidad de agua, facilitar el acceso a financiamiento, reducir costos productivos y fortalecer la comercialización de las cosechas nacionales.
También resulta fundamental promover tecnologías agrícolas que permitan aprovechar mejor los recursos naturales y aumentar la productividad frente a condiciones climáticas adversas.
La recuperación del campo mexicano será determinante para reducir la dependencia alimentaria del exterior, proteger los ingresos de las familias productoras y garantizar el abastecimiento de productos básicos.
El desplome de la producción de trigo constituye una señal de alerta sobre los desafíos estructurales que enfrenta la agricultura nacional y la urgencia de establecer estrategias de largo plazo para recuperar su competitividad.




