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CHIHUAHUA, Chih., 5 de octubre de 2026.– La Sierra Tarahumara mantiene algunos de los mayores rezagos sociales y de infraestructura básica en el estado de Chihuahua, con siete municipios ubicados en niveles de rezago alto o extremo, principalmente por carencias en drenaje, electricidad, condiciones de vivienda, acceso a internet y uso de combustibles tradicionales para cocinar.
Batopilas aparece como el municipio con las condiciones más críticas. De acuerdo con los datos presentados, 48.8 por ciento de sus viviendas conserva piso de tierra, 69.9 por ciento no cuenta con drenaje, 32.8 por ciento carece de suministro eléctrico y hasta 90.6 por ciento de los hogares utiliza leña para cocinar.
A esta situación se suman Morelos, Guadalupe y Calvo, Guachochi, Carichí, Urique y Maguarichi, municipios que también registran rezagos importantes en servicios indispensables para la vida cotidiana.
En conjunto, la zona serrana concentra alrededor del 82 por ciento de las viviendas sin energía eléctrica del estado. Además, cerca de tres de cada diez inmuebles carecen de drenaje, mientras que miles de familias enfrentan dificultades para acceder a agua entubada, conectividad digital y equipamiento doméstico básico.
El problema se intensifica en las comunidades rurales dispersas. En localidades con menor número de habitantes, la proporción de viviendas con piso de tierra, sin drenaje y sin electricidad aumenta considerablemente, situación que representa un desafío para llevar infraestructura pública a regiones alejadas y de difícil acceso.
Los datos también muestran una marcada brecha digital. Mientras en el resto del estado más de ocho de cada diez hogares cuentan con acceso a internet, en distintas zonas serranas la disponibilidad disminuye significativamente. En municipios como Uruachi, Bocoyna y Temósachi, una parte importante de las viviendas continúa sin conexión.
Las condiciones económicas también tienen impacto directo en la alimentación. Una proporción relevante de las familias de la Sierra reportó haber reducido la variedad de sus alimentos por restricciones económicas, mientras que algunos hogares señalaron haber enfrentado episodios en los que se quedaron sin comida por falta de recursos.
En materia de vivienda, aunque la mayoría de las familias habita casas propias, persiste otro problema: una parte importante de los propietarios no cuenta con documentos que acrediten formalmente la propiedad de sus viviendas.
El panorama refleja una profunda desigualdad territorial entre las zonas urbanas y la región serrana de Chihuahua. El reto no solamente consiste en ampliar infraestructura, sino en diseñar políticas públicas capaces de llegar a comunidades dispersas, con soluciones específicas en electrificación, agua potable, drenaje, conectividad, vivienda digna y alimentación.
La atención a estos rezagos representa uno de los principales desafíos sociales para Chihuahua, especialmente en una región donde las distancias, la dispersión poblacional y las condiciones geográficas dificultan que los servicios básicos lleguen con la misma cobertura que en las zonas urbanas.




