Marco Bonilla estrecha lazos con figuras de comunicación y deporte
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Maru recupera el mando; la lealtad también significa decir la verdad
La respuesta de César Jáuregui a la gobernadora Maru Campos confirmó que la ruptura política ya está sobre la mesa.
El exfiscal sostuvo que asumirá su responsabilidad “con orgullo” y que volvería a combatir al narcotráfico como lo hizo en El Pinal. El combate contra los grupos criminales debe reconocerse, pero tampoco puede utilizarse para justificar decisiones tomadas fuera de los canales institucionales.
Una cosa es enfrentar a la delincuencia y otra muy distinta ocultar información a la gobernadora, comprometer al Estado en un asunto de alcance internacional y permitir que sea ella quien pague durante meses el costo político de decisiones que, según su versión, no conoció.
La lealtad institucional no significa obediencia ciega. Significa hablar con la verdad, compartir información completa y asumir las consecuencias antes de que los problemas lleguen al escritorio de quien encabeza el Gobierno.
Maru enfrentó señalamientos nacionales, tensiones con la Federación y una amenaza de juicio político. Mientras tanto, dentro de la Fiscalía existían datos, decisiones y responsabilidades que aparentemente no fueron comunicados con claridad.
Por eso su postura es comprensible y necesaria. No podía limitarse a aceptar la responsabilidad política presentada por Jáuregui al dejar el cargo. Tenía que ordenar investigaciones y revisar qué ocurrió dentro de una institución encargada precisamente de exigir cuentas.
Alfredo Chávez respaldó la actuación de la gobernadora y rechazó que las investigaciones tengan como origen la competencia interna del PAN. Su argumento es claro: Maru tiene la obligación constitucional de esclarecer lo sucedido, independientemente de las aspiraciones políticas de César Jáuregui.
También puso un límite importante. No corresponde a la gobernadora decidir si Jáuregui será candidato; eso deberá resolverlo el PAN. Pero sí le corresponde exigir que las instituciones investiguen la actuación de quien encabezó la Fiscalía.
La existencia de carpetas no representa una sentencia. Jáuregui conserva su derecho de defensa y las autoridades tendrán que presentar pruebas. Sin embargo, políticamente el daño ya existe: se quebró la confianza entre la gobernadora y uno de sus colaboradores más cercanos.
La respuesta del exfiscal tampoco contribuyó a reconstruirla. Presentarse como un funcionario que no será “doblado” puede generar aplausos entre sus seguidores, pero también proyecta una confrontación innecesaria con el gobierno del que formó parte.
Mientras César eleva el tono, Maru avanza en la reorganización institucional. Gilberto Loya presentó a fiscales de Distrito y especializados un plan de trabajo basado en nueve ejes, con prioridades como la atención a víctimas, la búsqueda de personas desaparecidas, el combate a la corrupción y la modernización de las investigaciones.
Ahí debe concentrarse la discusión. Más que un duelo de declaraciones, Chihuahua necesita una Fiscalía ordenada, con resultados y sin grupos internos capaces de actuar por su cuenta.
Maru tomó una decisión difícil, pero políticamente correcta: defender la autoridad del Gobierno, respaldar las investigaciones y colocar la lealtad institucional por encima de las relaciones personales.
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Marco combina proyección nacional y estructura territorial
Marco Bonilla se mueve en dos escenarios que cualquier proyecto estatal necesita conectar: la conversación nacional y la organización territorial.
Primero estuvo en la Ciudad de México con directivos de TelevisaUnivision, donde habló de proyectar las historias, tradiciones y fortalezas de Chihuahua. Después regresó a la capital para participar en una convivencia organizada por Alan Falomir, en la que se reportó una asistencia superior a dos mil personas.
Los dos acontecimientos son diferentes, pero políticamente complementarios.
La presencia en espacios nacionales ayuda a posicionar a Chihuahua y permite construir relaciones con actores empresariales y de comunicación que influyen más allá del estado. Sin embargo, ninguna aparición nacional sustituye el trabajo en colonias, municipios y comunidades.
Ahí entra la estructura que Alan Falomir ha construido durante años.
“El Cabrito” reunió operadores, liderazgos territoriales y personas que conocen las colonias de la capital. Los asistentes no solamente expresaron simpatía por Marco; asumieron el compromiso de llevar el proyecto a los espacios donde trabajan diariamente.
Ese paso resulta fundamental. Una concentración genera entusiasmo, pero una estructura convierte el entusiasmo en organización.
Falomir también manda una señal de madurez. Sus propios intereses políticos no le impiden reconocer el liderazgo estatal de Marco Bonilla ni incorporarse a un proyecto más amplio.
La política panista parece comenzar a ordenar sus diferentes niveles. Marco concentra sus esfuerzos en construir una alternativa estatal, mientras en la capital avanzan acuerdos alrededor de Santiago De la Peña.
No son proyectos que necesariamente compitan entre sí. Pueden complementarse si cada liderazgo entiende su responsabilidad y evita convertir las aspiraciones personales en divisiones.
Marco ha demostrado capacidad para sumar perfiles procedentes de distintos grupos. Ahora deberá darles participación real, organización y tareas concretas.
Su desafío no consiste solamente en ser conocido fuera de la capital. Necesita construir una red que entienda las diferencias entre Juárez, Cuauhtémoc, Parral, Delicias, la Sierra y las comunidades rurales.
La visita nacional amplía su imagen. La reunión con más de dos mil personas fortalece el territorio. La combinación de ambos espacios muestra que Bonilla comienza a transformar una aspiración personal en un proyecto político estatal.
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Alfredo despeja el camino y fortalece a Santiago
La publicación de Alfredo Chávez respaldando a Santiago De la Peña no fue solamente un mensaje amistoso en redes sociales.
El coordinador de los diputados del PAN escribió: “Lo que más nos une como panistas es Chihuahua” y cerró con una pregunta directa: “Y tú, ¿te sumas?”.
En política, el momento cuenta tanto como las palabras.
El respaldo aparece cuando algunos grupos internos intentan generar ruido alrededor de la candidatura a la Presidencia Municipal de Chihuahua. Alfredo pudo mantener una posición ambigua, esperar la definición partidista o cuidar exclusivamente su propio espacio. Optó por pronunciarse.
Su decisión fortalece a Santiago porque proviene de uno de los liderazgos con mayor presencia en el Congreso del Estado, estructura dentro del PAN y capacidad para mantener comunicación con distintos sectores de la capital.
También ayuda a ordenar el escenario.
Santiago ya encabezaba las mediciones internas y había sumado liderazgos ciudadanos, empresariales y comunitarios. El acompañamiento de Alfredo agrega un componente político que convierte esas simpatías en una base partidista más sólida.
No se trata únicamente de sumar un nombre. Detrás del coordinador parlamentario existen equipos, relaciones, experiencia electoral y presencia territorial.
El mensaje también representa una respuesta positiva frente a quienes han intentado crecer mediante la confrontación. Mientras algunos promueven protestas internas o cuestionan la legitimidad del proceso, Alfredo propone coincidencias y unidad.
Santiago ha mantenido la estrategia correcta: no responder cada ataque, continuar con su trabajo y permitir que sean otros liderazgos quienes reconozcan públicamente su trayectoria.
Su experiencia en la Secretaría del Ayuntamiento y en la Secretaría General de Gobierno le aporta conocimiento administrativo y capacidad de negociación. Las encuestas muestran respaldo; las adhesiones demuestran que ese posicionamiento comienza a convertirse en organización.
La pregunta “¿Y tú, te sumas?” abre el proyecto más allá de los grupos tradicionales del PAN. Invita a militantes, ciudadanos y representantes sociales a participar en la construcción de una propuesta para la capital.
Alfredo tomó una decisión y Santiago recibió un respaldo importante. Pero el mayor mensaje es para el panismo: la unidad comienza cuando los liderazgos dejan de calcular únicamente qué pueden obtener y deciden aportar a un proyecto común.
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Poniente 5: una obra que une dos administraciones
El Ayuntamiento de Chihuahua autorizó avanzar con la primera etapa del bulevar Luis H. Álvarez, conocido como Poniente 5.
El proyecto contempla una inversión de 150 millones de pesos, aportados en partes iguales por el Gobierno del Estado y el Municipio: 75 millones de pesos cada uno.
La primera etapa tendrá aproximadamente 1.67 kilómetros y conectará la avenida La Cantera con Misión del Bosque. Contará con cuatro carriles centrales, dos por sentido, y los trabajos se desarrollarán entre finales de 2026 y agosto de 2027.
Las cifras explican la dimensión de la obra, pero no su importancia cotidiana.
El poniente de la capital ha crecido con rapidez. Cada nueva vivienda significa más vehículos, trayectos escolares, desplazamientos laborales y presión sobre vialidades que ya operan cerca de su capacidad.
Marco Bonilla impulsó el proyecto, realizó los estudios y dejó encaminada su primera etapa. René Chavira tendrá la responsabilidad de ejecutarla, vigilar sus costos y mantener informados a los vecinos.
La obra ofrece una buena prueba de continuidad institucional. Marco ya no ocupa la Presidencia Municipal, pero uno de los proyectos estratégicos de su administración continuará avanzando.
A René no le corresponde apropiarse de lo construido ni limitarse a administrarlo. Le toca garantizar que se cumplan el calendario, el presupuesto y la calidad prometida.
Cuando un relevo político funciona, las obras no se detienen para cambiarles el nombre. Continúan porque pertenecen a la ciudad.
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Cuauhtémoc prácticamente alcanzó los 200 mil habitantes.
Los resultados intercensales ubican su población en 199 mil 567 personas, frente a las 179 mil 507 registradas en 2020. En cinco años sumó 20 mil 60 habitantes, un crecimiento aproximado de 11 por ciento.
El municipio se mantiene como el tercero más poblado de Chihuahua, solamente detrás de Ciudad Juárez y la capital.
La cifra confirma el dinamismo económico de una región sostenida por la agricultura, la ganadería, la industria, el comercio y la diversidad cultural. Pero también obliga a reconocer que Cuauhtémoc ya enfrenta problemas propios de una ciudad de mayor tamaño.
Más habitantes significan mayor demanda de agua, vivienda, transporte, seguridad, hospitales, escuelas, vialidades y servicios públicos.
El acceso a internet en las viviendas aumentó de 56.8 por ciento en 2020 a 71.4 por ciento en 2025, un avance importante. Sin embargo, casi tres de cada diez hogares todavía permanecen fuera de una herramienta indispensable para estudiar, trabajar y realizar trámites.
Además, en el municipio viven cerca de seis mil personas hablantes de alguna lengua indígena y más de seis mil 700 habitantes con alguna discapacidad. La planeación deberá reconocer esa diversidad y ofrecer servicios accesibles para todas las comunidades.
Cuauhtémoc no puede seguir administrándose como si todavía fuera la misma ciudad de hace diez años.
Su crecimiento representa una oportunidad económica, pero sin planeación también puede convertirse en congestión, desigualdad y presión sobre los recursos naturales.
Los datos entregan un diagnóstico. Ahora corresponde a los gobiernos municipal, estatal y federal convertirlo en decisiones presupuestales.
Llegar a 200 mil habitantes es una señal de fortaleza. Estar preparados para atenderlos será la verdadera prueba política.




