Hombres jóvenes, mayoría entre los desaparecidos en Puebla
CHIHUAHUA Chih, 5 de septiembre de 2025.-La escena no solo estaba marcada por las cintas amarillas que delimitaban el perímetro del crimen, sino por los gritos ahogados y las lágrimas incontenibles de una familia que acababa de perderlo todo. Alrededor, policías se mantenían firmes, con el deber de proteger la evidencia, pero también con la mirada cargada de humanidad ante el dolor inevitable.
El hombre, identificado preliminarmente como Felipe N., cayó abatido a balazos cuando llegaba a su domicilio en la colonia Vistas Cerro Grande. Apenas minutos después, sus seres queridos se agolpaban frente al acordonamiento, intentando comprender lo incomprensible: que ya no podrían acercarse, que no podían verlo, que la última imagen de su hermano, de su hijo, de su amigo, estaba bloqueada por las cintas y las armas largas de los uniformados.
“¡Déjenme verlo, por favor!”, clamaban algunos. La respuesta de los agentes, firme pero dolida, era un “no se puede” que pesaba tanto como el mismo disparo. Entre protocolos y procedimientos, el lado humano quedaba expuesto: paramédicos que bajaban la cabeza sabiendo que nada pudieron hacer, policías que en silencio acompañaban el llanto, testigos que se persignaban antes de marcharse.
El ataque ocurrió en el cruce de Manuel Banda y 74, donde al menos dos hombres armados dispararon contra la víctima y huyeron en motocicleta. Pero la nota no termina ahí. La verdadera herida la cargan quienes quedaron al otro lado de la cinta, enfrentándose a una pérdida que ni el tiempo ni la justicia podrán borrar con facilidad.




