Luis Miguel reaparece tras meses de especulaciones sobre su salud
CIUDAD DE MÉXICO, 3 de noviembre de 2025.- El Dr. Ernesto Villanueva, Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y autor de la obra “Seguridad, transparencia y Derechos Humanos” ha venido escribiendo en los últimos años sobre el peligro de no contar con una política que recupere la paz perdida para México.
Por esa razón Quadratín decidió entrevistarlo para que nos de sus opiniones sobre este tema de gran pertinencia y coyuntural. Entrevista especial ¿Qué mensaje envía al país y al extranjero la muerte de Carlos Manzo, presidente municipal de Uruapan? El asesinato de Carlos Manzo no fue un hecho aislado.
Fue una advertencia dirigida al país entero. Muestra que gobernar conforme a la ley se ha vuelto un acto de riesgo y que el poder civil ya no cuenta con la protección del Estado que representa. Cada alcalde asesinado es un recordatorio de que el crimen no solo disputa territorios, sino legitimidades. En el plano interno, revela un Estado fragmentado, incapaz de garantizar seguridad a sus propias autoridades.
En el plano internacional, proyecta una imagen de vulnerabilidad institucional: un país donde el miedo es más efectivo que la ley. Eso impacta la inversión, la cooperación y la confianza exterior.
La muerte de un presidente municipal por ejercer su cargo es, en términos políticos, un asesinato de Estado indirecto: no porque lo ordene, sino porque lo permite. El gabinete de seguridad federal declaró que “no descansará hasta encontrar a los culpables”.
¿Qué piensa de esa respuesta? Es la declaración estándar de todos los gobiernos, pero ya no alcanza. Buscar culpables es necesario, pero prevenir debería ser la obligación prioritaria. La justicia reactiva no restituye la autoridad ni salva vidas.
Cada vez que un alcalde o un periodista es asesinado, escuchamos el mismo compromiso, y sin embargo, los crímenes se repiten. Eso significa que no hay un sistema de protección ni un protocolo de reacción institucional. No basta con perseguir homicidas: hay que impedir que los alcaldes sigan cayendo solos, sin respaldo federal, sin Guardia Nacional inmediata, sin inteligencia coordinada.
El crimen organizado entiende que matar a una autoridad tiene más impacto que matar a un rival. Por eso lo hace: porque el Estado responde con discursos, no con blindaje. La presidenta Sheinbaum ha sido firme en la aplicación de la ley en materia fiscal —impuestos, derechos federales— pero negocia con grupos que bloquean carreteras o impiden el libre tránsito.
¿No hay una contradicción? Sí, y esa contradicción erosiona la legitimidad del poder y además viola el principio 1º de la Constitución que ordena la igualdad ante la ley. No puede haber legalidad selectiva. No se puede exigir disciplina fiscal y, al mismo tiempo, tolerar que grupos actúen al margen de la ley porque tienen poder de presión. La presidenta ha insistido en el cumplimiento estricto de las obligaciones económicas, lo cual es correcto.
Pero esa misma firmeza debería aplicarse frente a quienes vulneran derechos constitucionales como el libre tránsito o la seguridad ciudadana. Cuando el Estado aplica la ley al ciudadano común y la negocia con los grupos organizados, envía un mensaje peligroso: en México la ley se cumple solo cuando conviene.
Esa asimetría entre el ciudadano que paga y el que bloquea no solo desmoraliza, sino que rompe el pacto de justicia básica que sostiene a cualquier República. La presidenta Sheinbaum se ha negado una y otra vez a solicitar o pedir colaboración con tropas y equipo de las fuerzas armadas de Estados Unidos.
¿Eso, en efecto, afecta la soberanía nacional? No. En realidad, la Constitución ya prevé una salida institucional para ese tipo de cooperación. El artículo 76, fracción III de la Constitución Federal establece que el Senado puede autorizar el paso de tropas extranjeras o la cooperación militar en territorio nacional, sin que ello implique violar la soberanía.
La Carta Magna contempló esa posibilidad precisamente para casos en que el país enfrente amenazas que superen su capacidad operativa. Negarse a usar ese instrumento no es defensa de la soberanía: es omisión del deber constitucional de proteger la vida. Confundir cooperación con intervención es un prurito nacionalista que ha costado miles de vidas.
La soberanía no se demuestra rechazando apoyo, sino estableciendo las reglas bajo las cuales ese apoyo se ejecuta. México puede y debe cooperar bajo su jurisdicción, con mando nacional, auditoría pública y transparencia.
Mientras se invoca la soberanía como argumento para no actuar, miles de mexicanos siguen muriendo sin protección efectiva. Defender la soberanía no significa aislarse, sino usar la ley para salvar vidas. La presidenta sostiene que están “resolviendo las causas” de la violencia, pero no ha ofrecido fechas ni resultados concretos para recuperar la paz.
¿Qué opina? Es un discurso bien intencionado, pero insuficiente y extemporáneo. Atender las causas es necesario, pero los resultados sociales tardan años; mientras tanto, la gente muere. No se puede esperar a que los programas sociales desmantelen al crimen organizado. Eso requiere Estado de derecho, justicia penal eficaz y presencia territorial. El país necesita resultados inmediatos, no promesas diferidas. El problema es que la narrativa de las causas ha sustituido a la estrategia.
Se gobierna con diagnósticos, no con acciones. Mientras se combate la desigualdad, el crimen consolida su economía, su ejército y su control territorial. La paz no se decreta: se construye con justicia visible y con Estado en el terreno.
La nota completa en Quadatín México




