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CHIHUAHUA, Chih., 1 de marzo del 2026.- La recta final del gobierno estatal comienza a tomar forma en la ciudad de Chihuahua con un paquete de obras viales de gran escala que apunta directamente a los puntos más saturados de la capital. Durante la presentación de su cuarto informe, la gobernadora Maru Campos adelantó una serie de pasos a desnivel y proyectos complementarios que buscan reordenar la movilidad urbana y reducir tiempos de traslado.
Más allá del número de puentes anunciados, el mensaje central fue claro: la inversión se concentrará en cruceros estratégicos, particularmente en los accesos norte, poniente y oriente de la ciudad, donde el crecimiento habitacional y vehicular ha superado la infraestructura existente.
Nudos viales en la mira
Los proyectos contemplan pasos superiores e inferiores en avenidas clave de salida y entrada a la capital, especialmente hacia Juárez, Cuauhtémoc y el aeropuerto. Se trata de zonas donde los congestionamientos son cotidianos y donde, de acuerdo con el propio diagnóstico del gobierno estatal, cualquier falla impacta en cadena al resto de la ciudad.
En el norte, la intervención se plantea como una reconfiguración integral de la salida a Juárez, con varios cruces a desnivel que permitirían tránsito continuo. En el poniente, el objetivo es corregir cuellos de botella históricos en la salida a Cuauhtémoc y su conexión con zonas de reciente desarrollo. Mientras tanto, en el oriente, los proyectos buscan dar fluidez a corredores que hoy combinan tráfico local con transporte pesado.
Obras que van más allá del asfalto
El paquete no se limita a movilidad. También se proyectan obras de infraestructura social y de servicios, como la modernización de espacios deportivos y la construcción de una nueva planta tratadora de aguas, lo que apunta a una estrategia más amplia de ciudad y no únicamente a soluciones viales aisladas.
Lectura política
En términos políticos, el anuncio coloca a Chihuahua como prioridad del cierre de administración, con obras visibles, de alto impacto y de largo plazo. La apuesta es clara: dejar infraestructura que trascienda el discurso y que se convierta en uno de los principales legados del actual gobierno estatal.
Las fechas de arranque, montos de inversión y calendarios específicos se irán definiendo en los próximos meses, pero el mensaje ya está sobre la mesa: el último tramo del sexenio se jugará, en buena medida, en el terreno de la obra pública.




