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CHIHUAHUA, Chih., 26 de octubre de 2026.– Entre las expresiones culturales más significativas del pueblo rarámuri se encuentra el Nutema, una ceremonia funeraria que refleja su concepción de la muerte, la espiritualidad y el vínculo que permanece entre las personas fallecidas y sus familias.
Esta tradición, conservada durante generaciones en comunidades de la Sierra Tarahumara, consiste en realizar una serie de rituales mediante los cuales familiares y habitantes de la comunidad acompañan simbólicamente al difunto en su camino hacia el mundo espiritual.
A diferencia de otras prácticas funerarias, el Nutema no se limita al momento del entierro, sino que comprende ceremonias posteriores en las que participan familiares, músicos y autoridades tradicionales.
De acuerdo con investigaciones sobre las costumbres rarámuri, estas celebraciones pueden realizarse hasta tres veces cuando fallece un hombre y cuatro cuando se trata de una mujer.
La diferencia responde a las creencias tradicionales relacionadas con la vida espiritual y las etapas que debe recorrer el alma después de la muerte.
Música, danza y alimentos forman parte del ritual
Durante el Nutema se organizan reuniones comunitarias en las que se ofrecen alimentos, bebidas tradicionales y expresiones musicales que acompañan el desarrollo de la ceremonia.
Uno de los elementos característicos es el tesgüino, bebida elaborada principalmente a base de maíz fermentado, que forma parte de diversas celebraciones de los pueblos originarios de Chihuahua.
Los participantes también realizan danzas alrededor de una cruz y desarrollan actos simbólicos destinados a facilitar el tránsito espiritual de la persona fallecida.
Entre las costumbres documentadas se encuentra la colocación del cuerpo con la cabeza orientada hacia el oriente y los pies hacia el poniente, así como el uso de cobijas, sudarios y prendas tradicionales.
Estas prácticas pueden variar entre comunidades, debido a la diversidad de expresiones culturales que existen dentro del propio pueblo rarámuri.
Ceremonia representa el último acompañamiento
Dentro de la cosmovisión rarámuri, la muerte forma parte de un proceso espiritual en el que los familiares desempeñan un papel fundamental.
La ceremonia busca ayudar al difunto a separarse del mundo de los vivos y continuar su camino hacia el cielo, mediante actos de despedida, convivencia y entrega de ofrendas.
En algunas comunidades existe la creencia de que el alma necesita orientación para concluir ese recorrido, motivo por el cual se realizan celebraciones posteriores al fallecimiento.
Los rituales también permiten a las familias expresar su duelo y mantener la unidad comunitaria durante un momento de pérdida.
El Nutema constituye, además, un espacio de transmisión de conocimientos entre generaciones, ya que las personas mayores comparten con los jóvenes el significado de las prácticas ceremoniales.
Una tradición que preserva la identidad de la Sierra Tarahumara
Investigaciones antropológicas, entre ellas las realizadas por especialistas como Alejandro Sánchez y Raúl Rangel, han documentado las particularidades de estas ceremonias y su importancia para comprender la relación de los pueblos originarios con la vida y la muerte.
Aunque determinadas comunidades han incorporado elementos del cristianismo, como el uso de cruces, el Nutema conserva componentes propios de la espiritualidad rarámuri.
Su permanencia representa una manifestación de resistencia cultural y de preservación de conocimientos ancestrales frente a las transformaciones sociales.
En el contexto de las celebraciones del Día de Muertos, esta tradición permite reconocer que Chihuahua posee distintas maneras de recordar y despedir a sus seres queridos, cada una vinculada con su historia y su identidad comunitaria.
El Nutema es mucho más que una ceremonia funeraria: representa una expresión de solidaridad, memoria y continuidad cultural mediante la cual el pueblo rarámuri honra a sus difuntos y mantiene vivas sus creencias ancestrales.




