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Videos manipulados, imágenes artificiales y mensajes automatizados modifican la competencia electoral rumbo al 3 de noviembre. Especialistas advierten riesgos de desinformación y falta de transparencia.
Ciudad de México, 30 de octubre de 2026. —
La inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta de creciente importancia dentro de las campañas electorales de Estados Unidos, donde partidos, candidatos y organizaciones políticas utilizan tecnologías capaces de generar imágenes, videos y mensajes que pueden influir en la percepción de los ciudadanos.
A pocos días de las elecciones legislativas del 3 de noviembre, un análisis del Wesleyan Media Project documentó al menos 220 anuncios políticos elaborados o modificados mediante inteligencia artificial, con una inversión publicitaria acumulada superior a los 137 millones de dólares.
La cifra refleja un cambio significativo respecto de los comicios de 2024, cuando el gasto identificado en anuncios de esta naturaleza fue inferior a los 50 mil dólares.
La tecnología modifica las estrategias políticas
Las campañas estadounidenses han incorporado herramientas de inteligencia artificial generativa para desarrollar materiales audiovisuales, recrear escenarios, modificar discursos y producir representaciones digitales de figuras políticas.
Entre las técnicas utilizadas destacan los llamados deepfakes, contenidos que permiten simular expresiones, movimientos y voces de personas reales.
Estas herramientas pueden utilizarse para elaborar materiales satíricos o ilustrativos, pero también representan riesgos cuando presentan acontecimientos ficticios como si hubieran ocurrido.
El principal problema surge cuando los electores no pueden distinguir entre una declaración auténtica y un contenido fabricado digitalmente.
Republicanos concentran la mayor parte de la inversión identificada
Los estudios sobre publicidad electoral señalan que los candidatos y grupos vinculados con el Partido Republicano han concentrado la mayor proporción de los anuncios políticos con inteligencia artificial identificados durante el proceso de 2026.
Sin embargo, las aplicaciones de esta tecnología también están presentes en actividades de organizaciones y campañas demócratas, particularmente para la elaboración de materiales, análisis de información y comunicación con simpatizantes.
La diferencia entre ambos bloques se observa principalmente en el tipo de contenidos utilizados y en la frecuencia de las campañas audiovisuales generadas artificialmente.
La desinformación representa uno de los mayores riesgos
El crecimiento de estos contenidos ha incrementado la preocupación sobre la circulación de información falsa durante los procesos democráticos.
La organización especializada NewsGuard identificó, hasta el 29 de octubre, 36 afirmaciones falsas relacionadas con las elecciones estadounidenses, difundidas mediante centenares de publicaciones en plataformas digitales y sitios de internet.
Aunque no todos estos contenidos fueron elaborados mediante inteligencia artificial, su circulación evidencia las dificultades para verificar información durante periodos de intensa competencia política.
La capacidad de producir mensajes a gran velocidad, modificar imágenes y reproducir voces permite que la desinformación alcance nuevas dimensiones.
En ese contexto, especialistas consideran indispensable fortalecer la verificación de contenidos y la educación digital de los ciudadanos.
La regulación electoral no avanza al mismo ritmo
Estados Unidos enfrenta un escenario jurídico fragmentado en materia de inteligencia artificial aplicada a la propaganda política.
Diversos estados han establecido obligaciones para identificar anuncios modificados o creados mediante herramientas generativas, mientras que otros carecen de disposiciones específicas.
A nivel federal todavía no existe una regulación integral que establezca reglas uniformes para todos los anuncios políticos producidos mediante inteligencia artificial.
Esta situación genera diferencias en los mecanismos de transparencia y dificulta determinar cuándo un contenido constituye una representación satírica y cuándo puede inducir deliberadamente al engaño.
México y Chihuahua frente a un nuevo desafío electoral
La experiencia estadounidense adquiere importancia para México, especialmente ante el proceso electoral de 2027.
En Chihuahua, donde la comunicación política se desarrolla cada vez más mediante redes sociales, plataformas digitales y contenidos audiovisuales, el uso de inteligencia artificial abre nuevas posibilidades, pero también plantea responsabilidades.
Las autoridades electorales, los partidos políticos y las instituciones académicas tendrán que analizar mecanismos de identificación de contenidos sintéticos, protección de datos personales y prevención de campañas de desinformación.
La inteligencia artificial puede contribuir a mejorar la comunicación pública, facilitar el acceso a información y ampliar la participación ciudadana.
No obstante, su utilización también exige transparencia para impedir que imágenes o declaraciones falsas sean presentadas como hechos reales.
La democracia enfrenta una nueva prueba tecnológica
Las elecciones estadounidenses muestran que la transformación digital de la política ya no se limita a las redes sociales tradicionales.
La inteligencia artificial permite producir materiales sofisticados en menos tiempo y con menores costos, lo que modifica las condiciones de la comunicación electoral.
El desafío será garantizar que estas innovaciones no debiliten el derecho de los ciudadanos a recibir información verificable y tomar decisiones libres.
La inteligencia artificial está cambiando las campañas políticas, pero la credibilidad de los procesos democráticos seguirá dependiendo de la transparencia, la responsabilidad de quienes difunden mensajes y la capacidad de la sociedad para distinguir los hechos de las simulaciones digitales.




