Más allá del escándalo
Dr. Omar Bazán Flores
Doctor en Economía Circular
México enfrenta una de las mayores oportunidades económicas y tecnológicas de su historia. Nuestro país se está convirtiendo en un protagonista de la industria mundial de la inteligencia artificial, pero existe una contradicción que debemos resolver: fabricamos buena parte de la tecnología que impulsa esta revolución y todavía no aprovechamos suficientemente sus beneficios en nuestra propia economía.
Los datos son reveladores. La participación mexicana en las exportaciones mundiales de bienes vinculados con la inteligencia artificial pasó del 2.6 por ciento en 2023 al 4.8 por ciento durante el primer semestre de 2026. Además, México se ha consolidado como uno de los principales proveedores de equipos de cómputo para Estados Unidos.
Estamos ante una transformación industrial que representa inversión, empleos, desarrollo tecnológico y nuevas oportunidades para las regiones manufactureras del país.
Sin embargo, el verdadero desarrollo económico no consiste solamente en producir tecnología, sino en convertirla en conocimiento, productividad y bienestar para nuestra sociedad.
De la manufactura tecnológica a la inteligencia productiva
Durante décadas, México construyó una importante capacidad industrial gracias a su ubicación geográfica, sus trabajadores, su infraestructura y su integración comercial con América del Norte.
Hoy esa experiencia permite participar en la fabricación de servidores, componentes electrónicos y equipos indispensables para la inteligencia artificial.
Chihuahua ocupa una posición estratégica en esta transformación. Su vocación industrial, la presencia de empresas internacionales, su cercanía con Estados Unidos y el desarrollo de sectores como la electrónica, la automatización y los semiconductores representan ventajas competitivas que debemos fortalecer.
Pero el siguiente paso debe ser más ambicioso.
No basta con atraer empresas que fabriquen equipos inteligentes. Necesitamos que nuestras propias industrias, comercios, universidades, hospitales, productores agrícolas y pequeñas empresas utilicen esas herramientas para resolver problemas y generar riqueza.
México debe pasar de ser una plataforma de producción tecnológica a convertirse también en una economía que desarrolla y aplica inteligencia artificial.
La inteligencia artificial debe llegar a las pequeñas empresas
Uno de los principales desafíos es evitar que esta revolución profundice las desigualdades económicas.
Mientras las grandes corporaciones incorporan sistemas de automatización, análisis de datos y herramientas inteligentes, miles de pequeños negocios todavía enfrentan dificultades de conectividad, capacitación y financiamiento.
La inteligencia artificial no debe convertirse en un privilegio reservado a las grandes empresas.
Un pequeño comercio puede utilizarla para administrar inventarios, mejorar sus ventas y reducir desperdicios. Un productor agrícola puede aprovecharla para optimizar el agua, anticipar condiciones climáticas y elevar su productividad. Una empresa familiar puede mejorar sus procesos administrativos, identificar oportunidades comerciales y competir en nuevos mercados.
Desde la perspectiva de la economía circular, su potencial resulta todavía más importante.
La inteligencia artificial permite optimizar el consumo energético, reducir residuos industriales, mejorar el aprovechamiento de materias primas y diseñar procesos productivos más eficientes.
Esto significa producir más valor utilizando menos recursos, disminuir costos y avanzar hacia un modelo económico ambientalmente responsable.
La inteligencia artificial y la economía circular deben convertirse en dos pilares complementarios de la competitividad mexicana.
Educación, conocimiento y talento: la verdadera inversión
El desarrollo tecnológico exige una transformación educativa.
Necesitamos formar nuevas generaciones capaces de comprender, utilizar, cuestionar y desarrollar sistemas inteligentes.
La enseñanza de programación, robótica, ciencia de datos, automatización, microelectrónica y habilidades digitales debe vincularse directamente con las necesidades de la economía.
Pero también debemos fortalecer el pensamiento crítico, la creatividad, la ética y la capacidad humana para tomar decisiones.
La inteligencia artificial no debe sustituir el razonamiento de las personas, sino ampliar sus capacidades.
La capacitación tampoco puede limitarse a los jóvenes. Millones de trabajadores requieren oportunidades de actualización profesional para incorporarse a los nuevos procesos productivos.
Una política nacional de formación tecnológica debe incluir universidades, instituciones educativas, empresas, centros de investigación y gobiernos.
El conocimiento tiene que convertirse en una herramienta accesible para todos.
Chihuahua tiene una oportunidad histórica
Nuestra entidad puede avanzar de manera importante si articula su capacidad industrial con una estrategia de innovación tecnológica.
La presencia de inversión nacional y extranjera debe traducirse en mayores oportunidades para los proveedores locales, la formación de talento especializado, la investigación aplicada y la creación de empresas tecnológicas mexicanas.
Chihuahua necesita fortalecer sus vínculos entre industria, educación, emprendimiento y desarrollo científico.
También debe impulsar la adopción de inteligencia artificial en sectores fundamentales como la agricultura, la minería, la manufactura, la logística, el comercio y los servicios.
La competitividad del futuro no dependerá exclusivamente de la ubicación de las fábricas o del costo de producción, sino de la capacidad para generar conocimiento, innovar y aprovechar los datos.
Tenemos experiencia industrial, talento humano y una posición geográfica privilegiada. Lo que necesitamos es convertir esas fortalezas en una estrategia de desarrollo de largo plazo.
El futuro no se ensambla, se construye
México tiene frente a sí una decisión económica trascendental.
Podemos conformarnos con fabricar los equipos que impulsarán la inteligencia artificial en otras naciones o podemos aprovechar esta oportunidad para transformar nuestra propia estructura productiva.
La primera opción genera exportaciones y empleos. La segunda, además, puede generar innovación, empresas nacionales, mejores salarios y una economía más competitiva.
No son caminos excluyentes. Por el contrario, debemos aprovechar nuestra fortaleza manufacturera para desarrollar capacidades tecnológicas propias.
El desafío consiste en democratizar el acceso a la inteligencia artificial, impulsar a las pequeñas y medianas empresas, modernizar la educación y vincular la innovación con el bienestar social.
Desde la economía circular, el objetivo debe ser claro: utilizar la tecnología para producir mejor, aprovechar responsablemente nuestros recursos y construir oportunidades sostenibles.
México ya participa en la fabricación del futuro tecnológico del mundo. Ahora tiene que garantizar que ese futuro también se traduzca en prosperidad para los mexicanos.
Porque la verdadera riqueza de una nación no está solamente en las máquinas inteligentes que produce, sino en la inteligencia, el conocimiento y las oportunidades que es capaz de desarrollar entre su gente.
Dr. Omar Bazán Flores
Doctor en Economía Circular




