Maru Campos llama a cerrar filas en el PAN y advierte que ningún compromiso político está por encima de la ley
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El abrazo, las ausencias y la factura
El abrazo entre Maru Campos y Alejandro “Alito” Moreno durante el informe legislativo de Alejandro Domínguez abrió formalmente la conversación sobre una alianza entre el PAN y el PRI para 2027.
La imagen fue útil para ambos, aunque benefició más al PRI.
Maru es gobernadora, mantiene la conducción política del panismo y encabeza la principal fuerza opositora de Chihuahua. Alito necesitaba aparecer junto a una mandataria competitiva para demostrar que todavía es un interlocutor necesario.
Maru hizo bien en asistir. Escuchar y dialogar no significa entregar candidaturas. La negociación apenas comienza y debe conducirse desde la fortaleza del PAN, no desde las exigencias del PRI.
Alejandro Domínguez informó sobre 34 iniciativas propias, siete promovidas con su bancada, nueve puntos de acuerdo y 19 intervenciones en tribuna. Sin embargo, la noticia estuvo en la primera fila y también en las sillas que quedaron vacías.
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Las ausencias pueden cobrarse en las urnas
En el encuentro no se vio reunida a la clase política histórica del PRI chihuahuense.
Faltó una representación amplia de exgobernadores, expresidentes estatales, exalcaldes, antiguos legisladores, dirigentes obreros, líderes campesinos, maestros, organizaciones populares y operadores regionales que durante décadas sostuvieron al tricolor.
Cada ausencia puede tener una explicación personal. Juntas adquieren significado político.
La asistencia panista también fue institucional y selectiva. Maru y Daniela Álvarez dieron peso al acto, pero no hubo un despliegue amplio de la estructura de Acción Nacional.
Marco Bonilla estuvo ausente por una condición médica informada públicamente. No existe razón para interpretar su inasistencia como distanciamiento. Sin embargo, tampoco apareció una representación suficientemente fuerte de su equipo para convertir el informe en el primer gran acto de una alianza.
El encuentro reunió dirigencias, todavía no militancias.
Como decía Artemio Iglesias: “Se nota más la ausencia que la presencia”.
Cada liderazgo ausente puede representar una estructura que no trabajará, una región que no se movilizará o un grupo que terminará respaldando a Cruz Pérez Cuéllar.
Antes de negociar con el PAN, Alejandro Domínguez necesita conocer cuántos de sus cuadros permanecen realmente en el PRI.
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El precio no corresponde todavía con el valor acreditado
El PRI pretende encabezar 36 presidencias municipales, cinco diputaciones federales y ocho locales.
Eso representa el 53.7 por ciento de las 67 alcaldías, el 55.6 por ciento de los nueve distritos federales y el 36.4 por ciento de los 22 distritos locales de mayoría.
La solicitud resulta desproporcionada frente a sus resultados.
En la elección de gobernador de 2021, el PRI obtuvo 95 mil 792 votos, alrededor del 7.1 por ciento de la votación emitida. Maru ganó con 576 mil 176 sufragios, 131 mil 542 por encima del bloque encabezado por Morena. El voto priista habría ampliado su ventaja, pero no fue necesario para alcanzar la gubernatura.
En las diputaciones locales de 2024, el PRI creció hasta 161 mil 375 votos, equivalentes al 11.27 por ciento de la votación válida. El PAN obtuvo 407 mil 186, con 28.44 por ciento, y Morena 628 mil 445, con 43.89 por ciento.
Con una votación cercana al 11 por ciento, el PRI no puede reclamar automáticamente más de la mitad de las alcaldías y distritos federales.
Debe encabezar donde tenga al mejor perfil, estructura y posibilidades de triunfo. No donde su dirigencia necesite colocar candidatos.
Las posiciones deberán definirse municipio por municipio, mediante encuestas, reconocimiento, negativos, estructura territorial y resultados anteriores. Una candidatura es una responsabilidad electoral, no una compensación partidista.
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La marca no es la militancia
Los 161 mil votos obtenidos por el PRI en 2024 no representan 161 mil militantes dispuestos a respaldar automáticamente a un candidato surgido del PAN.
La marca reúne simpatizantes, votos coyunturales y ciudadanos atraídos por perfiles locales. La militancia activa es la que recorre colonias, organiza secciones, consigue representantes de casilla y defiende los sufragios.
El PRI conserva reconocimiento, pero parte de su estructura se encuentra dispersa.
En Parral, la síndica Dalila Villalobos concluyó una militancia de 24 años y el regidor Vicencio Chávez también renunció. Ambos reclamaron falta de acompañamiento partidista. En distintas regiones, antiguos cuadros tricolores aparecen cerca de Cruz Pérez Cuéllar.
El PAN deberá distinguir entre votos históricos, militancia vigente y capacidad real de transferencia.
También debe cuidar a sus propios cuadros. Entregar candidaturas competitivas como cuotas puede provocar inconformidad, abstención o simulación entre panistas desplazados.
La marca permite entrar en la competencia. La militancia sostiene la campaña. Los liderazgos aportan territorio y el candidato convierte todo eso en votos.
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La firma de Alito también cuesta
Alejandro Moreno tiene la autoridad política para aprobar una alianza, pero su firma llega acompañada por elevados niveles de rechazo.
Mediciones nacionales recientes lo colocan entre 46 y 67 por ciento de opinión negativa, con valoraciones positivas que oscilan entre 15.8 y 29 por ciento. Aunque estos resultados no describen automáticamente a Chihuahua, confirman un desgaste que el PAN debe considerar.
Alito puede ser necesario para firmar el convenio, sin convertirse necesariamente en el rostro de la campaña.
Una presencia excesiva permitiría a Morena presentar la alianza como un regreso al pasado y podría alejar a jóvenes, ciudadanos independientes y panistas inconformes.
Maru debe dialogar con Alito sin cargar automáticamente con sus negativos. El acuerdo puede llevar las firmas nacionales, pero su conducción, narrativa y candidaturas deben ser chihuahuenses.
La alianza será útil únicamente si los votos incorporados superan el rechazo agregado.
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La suma aproxima, pero no garantiza
En la elección legislativa local de 2024, PAN y PRI reunieron 568 mil 561 votos, aproximadamente 39.71 por ciento de la votación válida. Con el PRD alcanzaron 596 mil 720, alrededor del 41.68 por ciento.
Morena, sin aliados, obtuvo 628 mil 445 votos: 31 mil 725 más que los tres partidos juntos. Sumado al PT y al Verde, el bloque oficialista llegó aproximadamente al 51.4 por ciento.
La elección al Senado dejó una diferencia mayor: Andrea Chávez y Juan Carlos Loera consiguieron 861 mil 68 votos, mientras Mario Vázquez y Daniela Álvarez obtuvieron 596 mil 41. La distancia fue de 265 mil 27 sufragios.
Son elecciones distintas y no representan un pronóstico para 2027. Sí demuestran que incorporar al PRI mejora la competitividad, pero no garantiza la gubernatura.
PAN y PRI necesitan recuperar electores, reducir negativos y presentar una propuesta capaz de convocar a ciudadanos sin partido.
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El abrazo pendiente
Mientras Maru y Alito abrieron una conversación, Morena continúa sin cerrar completamente su competencia interna.
Cruz Pérez Cuéllar posee estructura territorial, experiencia electoral y capacidad para incorporar liderazgos priistas. Andrea Chávez conserva presencia nacional, comunicación y una base propia.
Morena necesita a los dos.
Ha existido reconocimiento formal, pero todavía falta un acto conjunto que integre equipos, distribuya responsabilidades y cierre la herida de la definición interna.
Cruz debe abrir espacios reales. Andrea debe decidir si se incorpora plenamente. La dirigencia nacional no puede conformarse con declaraciones de unidad mientras cada grupo continúa caminando por separado.
Maru y Alito ya se abrazaron.
Cruz y Andrea todavía no.
La fotografía del PAN y el PRI abrió una negociación; las ausencias impiden darla por construida. El PRI tendrá que demostrar cuánto vale, el PAN decidir cuánto puede conceder y Morena resolver si su ventaja electoral será acompañada por unidad verdadera.
En 2027 no ganará quien reúna más logotipos. Ganará quien tenga mejores candidatos, estructuras activas y la capacidad de convertir acuerdos políticos en confianza ciudadana.




