Día Internacional del Derecho a Saber
Hoy quiero hablarles de Eunice y de Pamela. Dos mujeres chihuahuenses que, como millones en nuestro país, viven el cuidado como una obligación impuesta por la falta de políticas públicas que reconozcan y acompañen su labor. Nos acompañaron y respaldaron durante la presentación de la iniciativa para crear el Sistema Estatal de Cuidados; dieron voz y luz a una causa que hasta ahora había permanecido en silencio, y sus palabras siempre resonarán en mí.
Eunice me contó que cuando intentó inscribir a su hijo en una guardería del IMSS le dijeron: “ni le vamos a aceptar los papeles”. Pamela, por su parte, explicó que no puede trabajar porque, si lo hiciera, el costo de pagar a alguien que cuide a su hijo sería más alto que quedarse en casa. Ambas coinciden en algo que duele escuchar: se han convertido en “la mamá de”, dejando su identidad y sus sueños en pausa para poder sostener a quienes más aman.
Mientras conversábamos, una pregunta las unía: ¿qué va a pasar con nuestros hijos cuando cumplan 18 años? Y esa preocupación encierra, quizá, la mayor deuda del Estado mexicano con las personas cuidadoras: la ausencia total de un sistema que les garantice descanso, seguridad, respaldo y futuro.
Lo que viven Eunice y Pamela no son casos aislados; son el reflejo de millones de mujeres en todo México que cargan, en silencio, con una responsabilidad que debería compartirse entre el Estado, la familia, la comunidad y el sector privado. Ellas representan esa red invisible que sostiene la vida cotidiana, sin horarios, sin salario y sin reconocimiento.
En Chihuahua, miles de familias carecen de redes formales de apoyo para el cuidado de niñas y niños, personas con discapacidad, enfermas o adultos mayores. Las largas jornadas laborales y la falta de servicios públicos suficientes hacen imposible conciliar el trabajo con la vida familiar. Y en ese vacío, son las mujeres quienes terminan sacrificando su desarrollo profesional, su independencia y hasta su salud.
La iniciativa que presentamos propone crear el Sistema Estatal de Cuidados, una estructura articulada entre gobierno, municipios, sociedad civil y sector privado. Su objetivo es claro: reconocer, redistribuir y reducir las cargas del cuidado, garantizando que todas las personas puedan cuidar, ser cuidadas, en condiciones de igualdad y dignidad.
Uno de los principios más valiosos de la iniciativa es el de “cuidar a quienes cuidan”. Porque no se puede construir un sistema de cuidados si seguimos ignorando el desgaste físico y emocional de las personas que sostienen esa tarea.
Cuidar no debe condenar a nadie a la pobreza, al aislamiento o a la invisibilidad. Cuidar no debe implicar perder el nombre propio.
Eunice y Pamela son la voz de muchas otras mujeres que aman, que luchan y que también necesitan ser cuidadas.
Por ellas, y por todas las personas que cuidan sin ser cuidadas, hoy dimos un paso importante. Porque cuidar es amar, pero el amor no debe sustituir a la justicia