Deuda pública llegará a 164 mil pesos por mexicano en 2027, advierte el PAN
Dr. Omar Bazán Flores
Doctor en Economía Circular
La inteligencia artificial está transformando la economía mundial, pero su crecimiento plantea una pregunta que no podemos ignorar: ¿de qué sirve construir tecnologías cada vez más inteligentes si para sostenerlas comprometemos los recursos naturales de las futuras generaciones?
Los centros de datos que hacen posible la inteligencia artificial requieren enormes capacidades de procesamiento, energía eléctrica y sistemas de enfriamiento. El agua se ha convertido en un recurso estratégico para esta nueva infraestructura tecnológica.
Una propuesta que merece nuestra atención consiste en utilizar agua salada, residual o previamente tratada para enfriar los centros de datos, disminuyendo así la dependencia del agua dulce destinada al consumo humano y a las actividades productivas.
Desde la perspectiva de la economía circular, esta posibilidad representa mucho más que una innovación técnica. Significa cambiar nuestra manera de entender el desarrollo: aprovechar recursos que actualmente desperdiciamos, reincorporarlos a los procesos industriales y reducir la presión sobre el medio ambiente.
Sin embargo, utilizar agua salada o contaminada no significa emplearla sin controles. Se requieren tecnologías de tratamiento, sistemas resistentes a la corrosión, circuitos de enfriamiento eficientes y mecanismos que eviten trasladar la contaminación a otros ecosistemas.
Para México, y particularmente para Chihuahua, donde el agua constituye uno de nuestros mayores desafíos, esta discusión tiene una importancia extraordinaria.
Nuestro estado participa en una transformación industrial impulsada por la manufactura avanzada, los semiconductores, la automatización y la inteligencia artificial. Pero esta nueva economía debe desarrollarse con responsabilidad ambiental.
No podemos aspirar a convertirnos en una potencia tecnológica mientras mantenemos modelos industriales que consumen recursos naturales sin garantizar su recuperación.
La innovación debe avanzar en dos direcciones: desarrollar inteligencia artificial más eficiente y construir infraestructura capaz de utilizar agua reciclada, aprovechar energías limpias y reducir su huella ambiental.
También existe una oportunidad económica. El tratamiento de aguas residuales, los sistemas de enfriamiento industrial y las tecnologías de reutilización pueden convertirse en nuevas actividades productivas, generar empleos especializados y fortalecer las capacidades científicas de nuestras universidades y empresas.
La economía circular nos enseña que los residuos de una actividad pueden convertirse en recursos para otra. Ese principio debe incorporarse desde el diseño de los nuevos centros tecnológicos.
Es indispensable que gobiernos, universidades y sector privado impulsen proyectos de investigación que permitan evaluar estas alternativas, considerando su viabilidad económica, su seguridad ambiental y las condiciones de disponibilidad de agua de cada región.
La inteligencia artificial no puede medirse únicamente por su velocidad de procesamiento o por los beneficios económicos que genera. También debemos evaluar cuánta energía consume, cuánta agua utiliza y qué beneficios




