UACH invertirá 50 millones de pesos en Hospital Universitario; contará con urgencias y quirófanos
Por Dr. Omar Bazán Flores
Doctor en Economía Circular
Durante siglos, la medicina ha buscado anticiparse a la enfermedad. Hoy, la inteligencia artificial comienza a abrir una frontera que hasta hace poco parecía reservada a la ciencia ficción: utilizar los rasgos de una fotografía del rostro humano para identificar patrones asociados con la salud y estimar riesgos relacionados con la supervivencia de pacientes con cáncer.
Un modelo de inteligencia artificial denominado FAHR-Face, entrenado con más de 40 millones de imágenes faciales, representa un avance que merece atención científica, económica y ética. Sus resultados, publicados en la revista The Lancet Digital Health, muestran cómo los algoritmos pueden encontrar relaciones estadísticas que no son evidentes para la observación humana.
La noticia es extraordinaria, pero también exige prudencia. No significa que una fotografía pueda determinar si una persona tendrá cáncer o cuándo morirá. El alcance de esta investigación se relaciona con estimaciones estadísticas de supervivencia en pacientes que ya padecen la enfermedad, y sus aplicaciones clínicas requieren validación rigurosa.
Sin embargo, detrás de este desarrollo existe una transformación mucho más profunda: la inteligencia artificial está modificando nuestra capacidad para interpretar la información biológica y tomar decisiones sobre la salud.
Una nueva economía de la prevención
Desde la perspectiva económica, uno de los mayores desafíos de los sistemas de salud es que buena parte de sus recursos se destinan a atender enfermedades cuando ya se encuentran avanzadas.
Los diagnósticos tardíos incrementan los costos hospitalarios, afectan la productividad, deterioran la economía familiar y generan consecuencias sociales que trascienden al paciente.
Cada enfermedad grave representa también una historia económica: familias que utilizan sus ahorros, trabajadores que interrumpen sus actividades, personas que abandonan sus estudios y hogares que enfrentan gastos difíciles de sostener.
Por ello, el verdadero potencial de la inteligencia artificial no consiste únicamente en desarrollar tecnologías impresionantes, sino en aprovecharlas para construir sistemas de salud más preventivos, oportunos y accesibles.
Si estas herramientas demuestran su utilidad clínica, podrían contribuir a identificar pacientes que necesitan mayor seguimiento, complementar las evaluaciones médicas y mejorar la distribución de recursos hospitalarios.
La prevención no solamente salva vidas; también protege el patrimonio de las familias y fortalece la economía de las sociedades.
El rostro humano no puede convertirse en una sentencia
Existe, sin embargo, una cuestión que no debemos ignorar.
Cuando un algoritmo comienza a calcular probabilidades relacionadas con la vida humana, entramos en un terreno especialmente delicado.
¿Quién tendrá acceso a esa información? ¿Podrían las aseguradoras utilizarla para modificar sus condiciones? ¿Qué ocurriría si una empresa pretendiera evaluar a sus trabajadores mediante características faciales? ¿Cómo evitar que una predicción estadística se convierta en motivo de discriminación?
Estas preguntas deben acompañar cualquier avance tecnológico.
Una probabilidad no es un destino. Una estimación algorítmica no sustituye un diagnóstico médico, y ninguna persona debe ser definida por los resultados de un sistema automatizado.
La dignidad humana tiene que permanecer por encima de cualquier modelo matemático.
México frente a una oportunidad histórica
Nuestro país enfrenta enormes desafíos en materia de atención médica, detección oportuna del cáncer, infraestructura hospitalaria y acceso a servicios especializados.
En entidades como Chihuahua, donde las distancias geográficas pueden dificultar el acceso a especialistas, la inteligencia artificial podría convertirse en una herramienta de apoyo para ampliar las capacidades de atención.
Pero no basta con adquirir tecnología.
Necesitamos formar médicos capaces de interpretar herramientas digitales, investigadores especializados en datos clínicos, instituciones que garanticen la protección de información personal y políticas públicas que permitan acercar la innovación a quienes más la necesitan.
También debemos impulsar la investigación nacional para evitar que México se convierta exclusivamente en consumidor de tecnologías desarrolladas en otros países.
La soberanía tecnológica incluye nuestra capacidad para generar conocimiento científico aplicado a la salud.
La inteligencia artificial debe estar al servicio de la vida
Desde la economía circular existe una reflexión adicional: el desarrollo debe orientarse hacia el aprovechamiento responsable de los recursos, la reducción de pérdidas y la generación de bienestar sostenible.
En materia de salud, esto significa utilizar mejor la infraestructura, reducir procedimientos innecesarios, optimizar tratamientos y fortalecer la prevención sin comprometer la calidad de la atención.
La inteligencia artificial puede contribuir a esos objetivos, siempre que sus beneficios sean medibles, sus resultados transparentes y sus decisiones permanezcan bajo supervisión humana.
El futuro de la medicina no debe construirse sobre el miedo a lo que una máquina pueda descubrir acerca de nosotros.
Debe construirse sobre la esperanza de que el conocimiento científico permita vivir más y mejor.
El mayor triunfo de la inteligencia artificial no será predecir cuánto tiempo le queda de vida a una persona, sino ayudar a que tenga más oportunidades de conservarla.
Porque el verdadero progreso tecnológico no se mide por la capacidad de una máquina para anticipar la muerte, sino por la capacidad de una sociedad para proteger la vida.
Dr. Omar Bazán Flores
Doctor en Economía Circular




